Pocos juegos duran tanto y tan bien como Minecraft: desde 2009, millones de mundos construidos, mods infinitos y una comunidad que no para de crear.

La clave de su éxito: no te obliga a nada. Podés construir ciudades, sobrevivir, explorar, automatizar o simplemente pasear. El juego es un lienzo: cada uno pinta su propia aventura.
Lo pedagógico: hay escuelas que lo usan para enseñar lógica, creatividad y hasta programación (con mods y comandos). Es de los pocos juegos que cruza la barrera del ocio.
La comunidad: los servidores y los creadores de contenido hicieron el resto: cada año hay nuevos mapas, texturas y modos.
Si nunca lo jugaste: es un juego para todas las edades y todos los estilos. Si lo jugaste de chico: entrá otra vez, la nostalgia no decepciona.
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