Hay autos que no son solo fierros: son parte de la memoria colectiva del país. Repaso tres de los que marcaron generaciones.

El Rastrojero: producido por una empresa estatal desde 1952, fue el "auto del pueblo" que transportó a todo el país durante décadas. Dibujo simple, estructura robusta y una luz trasera imposible de olvidar.
El Renault 12: sinónimo de familia, de viaje y de taxi. Se fabricó hasta 1994 acá y hay quienes todavía lo mantienen como reliquia viva, con la garantía de que cada parte se consigue en la esquina.
El Chevette: el auto de los pibes que arrancaban los 90. Barato de mantener, resistente y con una comunidad enorme que lo sigue juntando en encuentros.
Si tenés alguno guardado o lo manejás: contanos. La nostalgia sobre ruedas también tiene su lugar.
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