Hay anécdotas rockeras que parecen película. Esta es una de las más citadas y la cuento porque tiene todo: una banda enorme, una frustración gigante y un tipo con una Les Paul que no se daba cuenta de lo que estaba por hacer.

En 1988, en plena gira, Axl Rose estaba insoportable en escenario. Llegó un momento en que la banda rompió: Axl dijo que se iba, y el público empezó a cantar para retenerlo. Fue entonces que Slash, sin pensarlo dos veces, se paró y le dijo que no; que la banda no se terminaba ahí.
El resultado fue que Axl volvió al escenario y dieron uno de los shows más recordados de la banda. Algunos cuentan que fue el inicio de esa especie de tregua eterna que tienen, asumiendo que la banda es más grande que las peleas internas.
La lección para cualquier grupo, de rock o de oficina: a veces el que sostiene la estructura es el que menos habla.
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