Hoy guardar un juego es automático: icono de nube y listo. Pero llegar ahí fue un camino largo y doloroso de contraseñas apuntadas en cuadernos.

Años 80: contraseñas. Para continuar, los juegos te daban una clave gigante derivada de tu progreso (Metroid, The Legend of Zelda con "segunda quest"). Escribías 50 caracteres en un papel y si te equivocabas en una letra, adiós aventura. La ansiedad de perder la hoja era real.
Baterías en los cartuchos: Zelda/NES y muchos títulos guardaron con una pila que alimentaba la memoria RAM cuando la consola estaba apagada. El trauma universal: una batería muerta = tu partida de 60 horas en el mundo fantasma.
Memory cards: en la era PS1/PS2 se revolucionó con tarjetas de memoria. La angustia de la tarjeta llena en mitad del boss final es HISTÓRICA.
Cajas de nube: hoy el autosave + nube soluciona casi todo, pero a costa de discutir quién guardó por encima del otro en la casa.
Moraleja: antes tanta épica era escribir claves. Ahora confiamos en la nube. Extraño escribir la contraseña con letra perfecta en el cuaderno, incluso cuando la perdía.

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