Ir a un festival con mucha gente y mucha música tiene algo bíblico. La única contra es la agenda: hay que decidir cuál escenario te perdés, y duele igual.

Mis tips de veterana: llegá temprano aunque hagas fila. La mañana del primer día es donde está la magia: ves el campo vacío y sabés que en unas horas no va a caber ni un alfiler.
No te cases con la lista de canciones de tu banda favorita: dale una chance al escenario chico. Ahí tocás con artistas que van a llenar estadios en dos años, y contás "yo los vi en el escenario B".
Ojo con el teléfono: la batería se muere, la señal colapsa y las mejores fotos son las que guardas en la cabeza. Presencia, presencia, presencia.
Y si vas a Rock in Rio, Vive Latino, Lollapalooza o algún festival regional, la regla es la misma: hidratate, usá protector, y abrazá a un desconocido cuando suene el hit del cierre. Esa es la piramidal de la felicidad festivalera.

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