El Mundial 86 pasó a la historia no solo por los goles en un partido, sino porque juntó una generación, un contexto y a un jugador con la pelota entre los pies.

El contexto: la Argentina venía de un Mundial 82 flojito y de un país complicado. El equipo de Bilardo llegó con una idea que pocos entendían y todos terminaron defendiendo.
El equipo: no era un equipo de estrellas: era un colectivo que se supo armar alrededor de un líder. El rol de Maradona en la renovación del plantel es tan grande como su técnica.
El partido de la creencia: frente a Inglaterra en cuartos, el 2-1 con la jugada magistral y el gol en solitario se convirtieron en una sola memoria colectiva. Sepamos que el contexto histórico lo amplificó todo.
El final: la final contra Alemania dio la confirmación: un monstruo en la cancha, un plantel heroico y un país que festejó como si la vida se hubiera teñido de celeste y blanco.
Los mitos no se explican: se cuentan.
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