Si escuchás radio de verdad, lo más probable es que sea manejando. Y eso no es casualidad: el auto es el último refugio del radio.

La radio funciona distinto en el auto: la vas cambiando de frecuencia, encontrás una canción que no conocías y te perdés el nombre, o te topás con un decano que cuenta cosas mientras hacés tráfico. Es compañía, no programación.
Las radios musicales del AM aguantan todavía en la ruta, y las FM locales resisten con esto del directo y la interacción con el oyente.
Quizás sea nostalgia barata, pero entre una app de podcasts que te conoce y una radio que se sorprende a sí misma, a veces elijo la frecuencia viva del dial.
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