Entrenás, hacés dieta y la balanza no se mueve. Antes de tirar la toalla, revisá estas 5 causas:

1. No estás contando las calorías de verdad (aceite, salsas, "unos pochoclos"). El famoso déficit calórico se rompe en lo invisible.
2. La balanza engaña. Fluctúo con agua, inflamación y horarios. Medí con foto y centímetro, no solo peso.
3. Dormís mal. La falta de sueño dispara la grelina (hambre) y baja la leptina (saciedad).
4. Crees que el cardio es la respuesta. El músculo gasta más calorías en reposo que la misma cantidad de grasa; el entrenamiento de fuerza es la pieza que falta.
5. Te saltás el registro. Lo que no se anota, no se controla.
No es genética (salvo casos médicos reales): es ajuste fino.
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