Digámoslo con calma: no toda adaptación arruina el libro. Mis ejemplos favoritos donde la película le gana a su versión en papel.

"El padrino" (de Mario Puzo): el libro es buena novela pulp, pero la peli de Coppola le sacó toda la grasa y armó la ópera familiar que adoramos. El libro no tiene esa escena del final entrecortado con el bautismo; la película la inventó.
"El señor de los anillos": acá vengo a romper coronas. Los libros de Tolkien son joya pero con párrafos kilométricos de geografía. Jackson los editó con tijera de poda y convirtió la épica en una montaña rusa de tres películas. El resultado es superior en ritmo.
"Arrival" (de Ted Chiang): el cuento "La historia de tu vida" es brillante, pero la peli le da una capa emocional enorme y un final visual desgarrador.
La regla de oro: una adaptación no debe ser una copia, debe ser una interpretación. Cuando el director entiende la idea del autor y la traduce a otro idioma (el cine), hasta puede superarla.

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