Un clásico no es un partido más: es un ritual que empieza días antes y termina cuando los contás a tus nietos.

La previa: se habla de tácticas, de historicas tablas de posición, del estadio que algún día irá lleno. Los clásicos se preparan con ansiedad y con el mate caliente de la madrugada.
El partido: los 90 minutos más largos del año. Cada pelota parada es un tiquet de resistencia. El hincha del clásico vive el partido en tiempo real y a la vez en cámara lenta.
El después: se vuelve a contar (con memoria selectiva) hasta el siguiente clásico. Perder un clásico pesa semanas; ganarlo, se festeja semanas.
Lo que define la palabra: no es la tabla, es la historia compartida: barrio, generaciones, el mismo color en la misma vereda.
El clásico es patrimonio emocional de las ciudades.
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