Hubo una época en que cerrar la sesión de Messenger era la noticia del día para el grupo de amigos. Les cuento por qué ese programa marcó tanto.

El escribiendo... precedía cualquier revelación importante. Había todo un protocolo: mirar estado, calcular si te iban a responder, usar los "zonas de contacto" para agrupar amistades.
Los estados de ánimo y nicks: el nick era un arte (a veces con frases en inglés no entendidas del todo) y el perfil, casi una bio de hoy.
Las notificaciones de sonido: el famoso "jama" al inicio de sesión, el "ta-da" al recibir mensaje. Los sonidos forman parte de la memoria sonora de una generación.
El Messenger murió, pero su hijo directo (WhatsApp, y hasta los estados de redes) mantiene el ADN: escribir, esperar, recibir. La nostalgia no es del programa: es de la época en que te cazaban online y eso era buena noticia.
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