Si tenés que entender por qué el anime mundial es lo que es, hay una película de 1988 que lo explica mejor que mil manuales: Akira.

Dirigida por Katsuhiro Otomo, la peli llevó el manga a la pantalla con una animación artesanal que costó una fortuna y tres años de trabajo. 160,000 celdas dibujadas a mano, con un nivel de detalle (luces de neón, sombras, multitudes) que ningún estudio podía sostener.
Akira hizo tres cosas: mostró que la animación japonesa podía ser arte adulto, presentó al mundo la estética cyberpunk (ciudad sobrepoblada, motos futuristas, gobierno corrupto) y volvió a la animación una bandera de identidad nacional.
Fue la primera pasada masiva del manga/anime a Occidente: muchas personas la vieron en VHS y se quedaron sin palabras.
Si no la viste: está en plataformas, y los 10 primeros minutos solos ya valen el viaje.
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