Dicen que Sudamérica es un continente caro; mi experiencia dice que es caro si viajás como turista, no como mochilero.

El transporte: los buses de larga distancia son tu aliado definitorio: en muchas rutas el bus nocturno es nivel (vas durmiendo y avanzas). Compará precios y buscá las cunas "de asiento".
El alojamiento: los hostels son el invento más amigable para el viajero: menos caros que un hotel, y te dan la magia de conocer a otros. Reservá con 1 día de anticipación.
La comida: comé donde comen los locales: mercados, puestos, ferias. Cinco veces más barato que el restaurante de costado, y mejor si sabés qué ordenar.
El ritmo: no corras. El viaje lento (más días en menos lugares) rinde más plata y más memoria.
Con esas tres patas, Sudamérica se recorre con la billetera viva y el corazón lleno.
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