Hay un dato que me molesta todos los octubres: los gatos negros son los más abandonados en los refugios porque arrastran una superstición milenaria.

El mito es antiguo: en el medievo europeo se los asociaba con brujería y mala suerte, y en algunos lugares se los quemaba por miedo. La realidad: un gato negro es tan gato como cualquier otro, con la diferencia de que su pelo esconde el pelaje más elegante de la especie.
En otras culturas es al revés: en Japón y Escocia traen buena suerte y en el mar, ver un gato negro era augurio de buen viaje.
Si estás pensando en adoptar, considerá un negro: en los refugios son los que más esperan. La única mala suerte real es que te cierren la oportunidad de tener uno.
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