Se sataniza el azúcar como si fuera veneno puro. La realidad es más matizada (y, si me preguntás, más fácil de llevar).

El azúcar no es veneno: es la fuente principal de energía del cuerpo. El problema no es el azúcar en sí: es el exceso y el formato adictivo de los ultraprocesados.
El día típico: no nos mata la cucharadita del café: nos mata el combo de gaseosas, jugos, galletitas y salsa embotellada sumados sin escala. Ahí entra todo el azúcar escondido.
La OMS sugiere: menos del 10% de las calorías diarias de azúcar libre (unos 50 g, o 12 cucharaditas). Con los curas, esa cuota se va en una sola gaseosa. La clave es leer etiquetas: "azúcar añadido".
Estrategia sin masoquismo: no tenés que eliminar el dulce: dividí las porciones, elegí fruta como postre estrella y prestá atención a las bebidas (ahí se esconde la mayor parte).
Balance no es cero: es conciencia.
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