Mi primer viaje largo en moto fue un aprendizaje intenso en cuotas: luces del amanecer, curvas de la montaña y una pierna que me acusó a las 4 horas.

Lo que hice bien: precio descanso cada 100 km o 90 minutos. La fatiga en moto es más peligrosa que en el auto: en el auto podés luchear; en la moto te la jugás.
Lo que hubiera hecho distinto: no planifiqué estaciones de combustible que en algunos tramos no tenían; la reserva se vuelve tu mejor amiga. Y cargué ropa de más: con la chaqueta térmica y una muda basta.
La ropa: casco certificado, chaqueta con protecciones, guantes y botas. No hay excusa: el asfalto no negocia.
El consejo final: no apures el viaje. La moto premia la velocidad de la vista, no la del motor. Pará en cada postal que se cruce.
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