"Se me aplana", "no pasa de 100", "gasta como si tuviera un agujero". Esas frases son el lenguaje de la pérdida de potencia, y casi siempre hay 4 culpables comunes:

1. Filtro de aire sucio. El motor sin aire respira como con un resfrío. Cambialo cada 10-15 mil km y vas a notar diferencia.
2. Bujías viejas. Si están gastadas o tienen hollín, la chispa no enciende bien la mezcla. Saltar la aceleración al subir una loma es clásico de esto.
3. Inyector o carburador sucio. La mezcla se desbalancea. Un aditivo de limpieza uso ocasional puede ir bien, pero el servicio serio hace mejor efecto.
4. Sensor de oxígeno jodido. El motor inyecta mal porque cree que el aire es otro. Muchas veces la solución es reemplazarlo por uno nuevo.
Si el problema persiste, no lo cuelgues: un motor que forcejea tarde o temprano pasa factura.
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