Si hace diez años buscabas "mejores auriculares" y te aparecían diez links con anuncios, hoy te aparece un motor de búsqueda que genera una respuesta reuniendo fuentes y citándolas. Cambiaron las reglas del juego.

El "deep research" es el paso siguiente: una IA que en vez de darte tres resultados, se lanza a leer decenas de fuentes, armar un informe con tablas y devolverte un documento de 10 mil palabras con referencias. Lo dejo para informes de trabajo y funciona sorprendentemente bien.
La parte fea: los buscadores y las redes están optimizando su contenido para aparecer en esos resúmenes generados. Eso significa páginas infladas de requisitos vacíos, y una "SEO" que cada vez importa más y menos a la vez.
Y el debate de fondo: si la IA responde, ¿cuánta gente va a entrar a las páginas originales? Mirá tu propio comportamiento el último mes: ¿cuántas veces leíste el primer resultado de verdad?
Para no perderte: seguí consultando el deep research con ojo crítico, y aprendé a pedir las fuentes. La información sigue libre, pero hay que saber buscarla.

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