Se habló miles de veces, pero me encanta volver a cómo se cierra la historia de Walter White, porque es de los pocos finales que le hacen justicia a la serie.

La clave no es solo el giro: es que el final es la conclusión lógica de la historia. Walter se había transformado de profesor a jefe de un imperio, y el final lo re-connecta con sus raíces (familia, ciudad, torre de automóviles), pero ya no como el pibe de antes: como el que asumió sus consecuencias.
Además, la serie respeta el tiempo: durante cinco temporadas no se estiró el chicle, cada decisión del protagonista generó cadenas de causa y efecto que se pagaron.
Cuando una serie logra que su mundo, sus personajes y su tema se cierren en el mismo instante, se nota. Por eso nos sigue impactando: es teatro, y la coherencia es un lujo.
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