Hay un antes y un después del Zelda de NES (1986): antes, los juegos te llevaban de la mano; después, te tiraban a un mundo abierto y te decían "a ver, listo pelado".

Miyamoto se inspiró en su infancia como pibe que exploraba bosques y aldeas. Por eso el mapa de Hyrule tiene santuarios escondidos, caminos secretos y secretos que se descubren quemando ramas o explotando paredes. Para la época era revolucionario: el "save" fue un invento enorme, para no obligarte a dejar la consola prendida.
Zelda también instaló la idea de que el jugador debía investigar: hablaba con todos los NPC, probaba de todo y tomaba nota a mano.
Cuarenta años después, el mundo abierto de Breath of the Wild y Tears of the Kingdom son nietos directos de esa intención.
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